photographer, director and writer
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dos

las gotas en el vidrio se deslizan como pequeños soldados buscando su libertad. se unen, poco a poco creciendo en una sola que pronto dejará de ser. nuestras manos fijas en medio de nuestras piernas, miradas al frente. quería salir de la camioneta esa noche; nuestras palabras se volvían cada vez más hostiles. nos aferrábamos con las yemas de los dedos a la parte posterior de nuestros muslos, marcándolos con fuerza, tratando de sostener lo último que nos quedaba. el sonido de la lluvia se intensificaba. nuestros cuerpos no disciernen entre lo correcto y lo incorrecto. en ocasiones, el querer resuena más como filo hiriente que atraviesa punzante donde antes fue tacto suave.

pasaste esa noche en mi habitación. el amor quema cuando cae a retazos. lo sentí en tus labios, la forma en que me sostenías; tus ojos apenas asomándose por encima de mis genitales. succionaste cada parte de mí. hay días en que vuelvo a ese momento y pienso en que quizás, si no hubiera eyaculado, si me hubiese contenido, tal vez el tiempo se habría detenido. pero nos acabamos. en mi cama se dibujan mapas indelebles que marcan mi piel. fuego lacerante que me repite que ya no estás aquí.

alguna vez te hablé de un guion que escribí. si recuerdo bien, giraba en torno a un hombre que vivía solo. cocinaba un pastel a medianoche mientras la grabadora reproducía mensajes de voz de familia distante. parecía no importarles. bailaba con las fantasías de lo que podría ser su vida y ahora no sé cómo soltarle. sin decírtelo, te coloqué en medio de esa imagen disfrazada. quisiera desprenderme de aquella sonrisa que me mostraste en medio de un lago, mientras remabas sin dirección alguna. está enmarcada arriba de mi cama entre humedad y hendiduras. solías repetirme que estabas feliz de estar conmigo. observo el girar del ventilador en el techo, la sombra que proyecta la luz e imagino tu voz rompiéndose entre las aspas, desapareciendo lentamente entre la monotonía que ya no es más.

me gustaría mentir en las historias que cuento; encubrir mi realidad con personajes que jamás existirán. pero no sé cómo narrar la vida de los demás. soy lo más parecido a un vampiro: egoísta y narcisista. el reloj del microondas parpadea incesantemente dos de la mañana. me encuentro sentado en la mesa, con la mirada firme en el horizonte de un cristal que no muestra nada. imagino todo lo que hicimos aquí: las peleas que tratabas de describir, los silencios que no podían ser ignorados. regreso a aquellos lugares donde alguna vez creí ver luz. está oscuro aquí.

estos días te escucho en los videos que guardo. borré nuestra conversación con la esperanza de que tú también te esfumaras. quise sacarte de mi mente, pero los recuerdos no funcionan así. nuestra sensibilidad nos domina, carcome rincones ignotos de nuestro ser. cierro los ojos mientras damos pasos encrucijados tratando de bailar una de mis canciones favoritas. todos duermen en sus cuartos, pero tus labios me mantienen despierto. esperaba que me extrañaras. quizás, si lo mencionaba, gritarías que quieres pasar el resto de tu vida conmigo. pero entiendo tu caminar pausado y distante. te está yendo bien y yo no puedo seguir siendo un imbécil prendido a las sobras de lo que fue. todavía nos recuerdo en la playa. ahora sólo siento furia.

furia… en un cuarto sin ventanas decidí que no iba a comer, a oscuras desafié a mi mente: no puedo controlar lo que pienso, pero sí cómo me veo. desnutrido, delgado y desnudo de poder. entraste por mí y sólo reclamé que nunca tendría lo que tú, “¿y por eso no vas a salir?” no, mi cuerpo es una cueva de cosas que no son, de personajes falsos que se trasladan en mi interior. me gustaría haberte amado como debía.

como un vampiro, succiono hasta que no hay más que dar. autofagocitar: yo soy el organismo inferior y el superior. me carcomo lentamente. tal vez el monstruo soy yo. antropofágico: tomo la espalda de otros hombres, sorbo el sudor de sus cuellos e imagino que eres tú. si lo hago con la suficiente fuerza, y si lo creo con la facilidad con la que me he mentido, a veces puedo eyacular. aprehender lo inasible. recuerdo con odio a quien fue mi terapeuta. decía que nuestra relación sería pasajera. siempre creí que sabía un poco un más que él. te perseguí por años, como perro sediento buscando un poco de agua de entre tus manos. ansío tu pecho en el pecho de otros hombres.

caminábamos por la playa. el cielo era morado y el agua tibia rosaba nuestros pies. los tuyos eran los míos. fui abrazado como nunca, acogido en brazos sostenidos por otra sangre. entre tus venas dormía seguro. rompí el espejo que me protegía. las palabras contenidas resuenan con odio a la distancia: tienes suerte de tener lo que tienes. no recuerdo si te miré a los ojos. me acechaba el miedo a perderte y la envidia de saber que nunca tendría lo que tú.

bajo la lluvia veo al soldado que alguna vez fui yo. corre a destiempo entre rastros de tierra que envuelven sus tobillos. rogarte que regreses es una pérdida de tiempo. la guerra nunca fue fácil, luchar contra mí mismo no tiene principio ni fin. hace tiempo dejé de pensar en morir. doce gotas de clonazepam y 37.5 gramos de paroxetina para no existir por la noche. te sueño de las formas en que menos te quiero recordar. tal vez pronto encuentre la luz que se esconde tras las nubes ennegrecidas del ayer.



Patricio Maldonado 2021 ®