photographer, director and writer
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tres

primero das las gracias por las cosas que tienes: tu casa, tu familia y tu salud. después, pides perdón por tus pecados, por tus malas acciones y pensamientos, sean conscientes o no. finalmente puedes pedir por las cosas que más deseas: en mi caso, no ser homosexual. todas las noches cerraba mis ojos, me hincaba en la oscuridad y con los dedos entrelazados pedía exhaustivamente por todo aquello que me perturbaba. tenía miedo de existir en un mundo en el que no cabía, donde constantemente me empujaban sobre bordes altísimos para ver si, ahora sí, caía.

desperté en los brazos de otro hombre, rogando por tu auxilio. no recuerdo los espacios, pero sí tu mirada dirigida a mi rostro suplicante; entre sollozos pidiéndote que te alejaras de la sombra de su silueta ennegrecida. el encanto es una cubierta endeble y frágil donde se ocultan malicia y temor, es decir: el diablo suele disfrazarse de encanto para pasar desapercibido. ya no puedo pasar más tiempo llorando palabras que no serán escuchadas. como esclavo lamiendo tus pies mientras mis lamentos resuenan en las profundidades de un bosque que se construye alrededor de mi habitación.

me sujeto en sus brazos, marítimos recipientes de agua salada, y al mar le rezo por olvidar la impetuosidad con la que alguna vez te amé. me balanceo en las olas, con el sol detrás de su espalda escondiéndose como alguna vez lo hizo contigo. inhalo suficiente aire y me sumerjo en lo desconocido. aquí nadie me escucha, aquí nadie me ve. en un espejo nos reflejamos; dos cuerpos desnudos unidos solamente por la ferocidad que nos atrapa. beso sus labios mientras que el agua escurre en nuestros cuerpos: el suyo una escultura de viejos tiempos.

por las noches reclamo su cuerpo, alabando como imágenes sagradas los rincones que alguna vez me parecieron inhóspitos. marco con mi lengua cada borde que existe, cada músculo que toca la luz minúscula que cuelga a nuestro lado. mi lengua con la suya, jugando a sujetarse. mis dientes carcomen su cuello, mis colmillos en su pecho, succionando cada vez que lo escucho gemir. sí puedo ser el ente sexual que siempre quise. lo tomo, lo aprieto hasta sentir que desborda el espacio vacío, sus fluidos entre mis dedos y en unos segundos el cuarto queda a oscuras.

no nos pertenecemos afectivamente, pero por hoy, nuestros cuerpos son nuestros.
“¿qué no te das cuenta? en mis ojos eres perfecto”.


por años he validado mi existencia a través de ojos ajenos, abnegándome para cautivar a quienes me rodean. fueron meses los que me hablaste de traición, restregándome daños cometidos cuando apenas entendíamos lo que podía ser el amor. pero la mayor traición fue tuya. borrarme poco a poco, convirtiéndome en un retrato traslúcido que me volvía solo una parte de tu paisaje en donde otros seres brillaban. me culpaba de lo que pensaba había causado. perdí mi voz en el intento de complacer tus necesidades y las de otros. finalmente entendí que tal vez sí soy un monstruo. pero ¿qué hay de malo en eso?

ser extraño causa un placer taciturno, regresa a mi la persona con corazón rebelde. me permito transformar mi enojo en pasión. mis ojos destellan, las dentaduras de un vampiro carcomen a aquellos que desprecio con honra y con honor me coloco mi corona, me vuelvo invencible. la vida que yo transito no hace cuentas y nada tiene que ser culpa de nadie. la causa y el efecto son algo más físico, quizás hasta un poco espiritual. a veces las cosas sólo pasan y la miseria de otros no me corresponde.

las imágenes parpadean y soy insaciable; mi corazón palpita con euforia y sólo repito: quémenme vivo. si ardo yo, que ardan todos conmigo. es así como cuelgo cadenas alrededor de mi cuello, trazo líneas rojas sobre ojos y cepillo mis cuernos. la monstruosidad es flexible: puede ser y no ser aquello que aterra o que cobija. la bondad se cosecha y mis frutos están envenenados.

un suspiro más: víctimas, todos dicen ser víctimas en sus historias. la realidad es que somos una serie de accidentes y colisiones; explosiones que resuenan y sólo algunos nos volvemos duros. soy un puto rey y nadie nunca me quitará el trono. mi dolor me convirtió en quien soy ahora, y si mi dolor no me he vencido,

¿por qué lo haría alguien más?




Patricio Maldonado 2021 ®